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BEIS | Reportaje El corazón de São Paulo está vacío

El corazón de São Paulo está vacío

Un electrocardiograma de la arquitectura y el arte más contemporáneo de la urbe

El coloso São Paulo

Cientos de cordilleras de cemento; relieve escarpado que sepulta un horizonte sobre el que cada año son edificados cuatrocientos bloques más de hormigon. Las murallas feudales hoy son rascacielos que confinan en su área metropolitana casi cuarenta millones de personas, algo menos que la cifra demográfica que acoge a toda España.

Ladrillos, piedras, asfalto, grava; madera, acero, cobre, vidrio; 446 818 460 toneladas de hormigón, 74 110 toneladas de plástico; 11 822 000 cuerpos frágiles, 11 822 000 almas. La artista española Lara Almarcegui (Materiales de ConstrucciónCiudad de São Paulo, 2006) ya ironizaba la concepción naíf que declama que “la Arquitectura es aire”, reduciendo la megalópolis brasileña a un cúmulo de escombros: Pasado y futuro de la Arquitectura.

Colecao. Cortesía tuane eggers
Colecao. Cortesía tuane eggers

Kenneth Framton habla del inicio de la arquitectura moderna en Brasil citando a Lucio Costa y a Gregori Warchavichk como precursores de las ideas de esta corriente contemporánea. No fueron los únicos, sin embargo, ya que con el viaje de Le Corbustier al país en 1936, surgió el proyecto para el Ministerio de Salud brasileño, elaborado por nóveles arquitectos como Oscar Niemeyer o Afonso Reidy, que favorecieron el movimiento.

Las calles: Galerías de arquitectura

Subordinada al contexto histórico-social, la evolución de la Arquitectura siempre fue paralela a la Filosofía; la elevación de las catedrales góticas como analogía literal al anhelo de acercamiento a Dios; el paralelismo entre la metafísica del microcosmos, de Leibniz, y la técnica de los artistas del Barroco, donde conforme cada mónada refleja el universo entero, cada uno de los elementos que integran una estructura barroca revela el conjunto de la obra.

Cortesía Beto Tancredi

Durante el periodo contemporáneo, de igual manera que la filosofía considera la versatilidad de los conceptos dependiendo de la posición que ocupan en un sistema, la función de los elementos arquitectónicos depende del lugar que ocupan en el espacio.

En el eje de esta urbe monstruosa que es São Paulo, en mitad de una contienda inmobiliaria que corona al pico de mayor altitud, el peatón es testigo de una galería callejera de arte; sus integrantes son obras de arquitectura moderna diseñadas por algunos de los mejores en el área, muchos de ellos yacimientos de un arte moderno y contemporáneo ya asentado.

Entre ellas, destaca el MUBE (Museo Brasileño de Escultura), planificado por el arquitecto Paulo Mendes da Rocha, e inicialmente pensado para albergar imágenes del paisaje y botánica de Brasil proyectadas por el artista Roberto Burle Marx, y organizar exposiciones temporales, fue concebido como un jardín y teatro al aire libre.

El arquitecto brasileño también trazó los planos de la Plaza del Patriarca (1992), que constituye un portal hacia la Galería Prestes Maia, al tiempo que alberga una cubierta suspendida y un arquitrabe que la sustenta, con una silueta audaz color blanco que contrasta con la Iglesia de San Antonio, en la misma plaza.

Estudo do corpo. Cortesía alessandra cestac

Un año después, también a manos de Mendes da Rocha, surge la Pinacoteca del Estado ya reformada, pues se pretendía adecuar la estructura a las necesidades de un museo importante. La construcción original fue esencialmente mantenida. Todas las intervenciones propuestas por el proyecto fueron yuxtapuestas y puestas en evidencia, con un sentido de “collage” que organizaba el espacio a partir de grandes vacíos, comunicados por pasarelas metálicas.

Quien se encuentre en la interminable Avenida Paulista tal vez repare en la enorme estructura rectangular apoyada sobre cuatro pilares que da vida al MASP (Museo de Arte de São Paulo). Construido entre 1957 y 1968, y proyectado por Lina Bo Bardi, constituye una arquitectura simple que comunica aquello que en el pasado se llamó monumental, instando el sentido de lo “colectivo”, de la “Dignidad Cívica”.

Intervencion urbana. Cortesía alessandra cestac

La ciudad alberga diversos monumentos y edificios proyectados por el conocido arquitecto Oscar Niemeyer: En 1989 alzó el monumento del Memorial de América Latina, que abraza en su interior un Salón de Actos, una biblioteca, una sala de exposiciones y un auditorio. Para Niemeyer, “La idea era crear una gran plaza cívica donde el pueblo se pudiese encontrar. Y los diferentes edificios están enriquecidos por una estructura más radical, como en la biblioteca, con sus dos soportes fuera del edificio, con una viga de 90 metros de largo, el interior está libre para cualquier solución. Prevalecen en el conjunto las grandes superficies curvas, blancas, que se repiten en función de la unidad. Y, la plaza, la más abierta que diseñé, con siete metros de altura, la sangre corre hasta el puño, representando América Latina. Es una protesta, una invitación para la indispensable lucha contra las sucesivas amenazas e intervenciones en este continente.”

Intervención urbana. Cortesía alessandra cestac

En 1950, Niemeyer diseñó el Parque Ibirapuera, el Central Park de São Paulo, junto con el Auditorio en su interior. Este último presenta la simplicidad volumétrica de una planta trapezoidal que, cortada, se transforma en un triángulo. De la puerta principal del auditorio sale una lengua de fuego, escultura del arquitecto, llamada Labareda. Dentro del auditorio y sobre un amplio foyer blanco, serpentea un largo pasamanos de madera con base de hierro que acompaña la pasarela que conduce al visitante a la platea del auditorio, donde al fondo se impone una inmensa honda de color rojo; escultura de Tomie Ohtake.

El edificio de la FAU (Facultad de Arquitectura de la Universidad de São Paulo) nació en 1961 como una propuesta arquitectónica que defendía la tesis de la continuidad espacial, sin una división aparente entre los diferentes departamentos, un ejemplo de la analogía anteriormente establecida entre Filosofía y Arquitectura contemporáneas.

El aforismo arquitectónico que afirma que “la Arquitectura es el arte de construir” es trivializado en la actualidad por una serie de connotaciones que no sólo valoran cuatro paredes y un techo, sino la funcionalidad de cada una de las piezas arquitectónicas dentro de un conjunto y, como afirmó el filósofo chino Lao-Tsé; “el vacío que hay en su interior”.

Colectivos artísticos: Abandono y Ocupação

En el corazón de la ciudad, yuxtapuestos a muchas de estas obras arquitectónicas, se elevan vacíos envueltos por la epidermis de edificios abandonados. Decenas de ellos comenzaron a ser ocupados en la época del Movimiento de los Trabajadores sin Tierras (MST) y las asociaciones socialistas de los años 80 y 90.

No obstante, en la actualidad son colectivos artísticos alternativos los que, en su mayoría, ocupan o realizan acciones y exposiciones de idiosincrasia underground, o mejor dicho, playground, que ponen en tela de juicio la concepción convencional de la Arquitectura, y hasta del Arte Contemporáneo.

Los vacíos de Lao-Tsé son colmados bajo fachadas aparentemente devastadas; el Arte Contemporáneo más desconocido y flamante renace de dentro hacia afuera, en barrios de São Paulo que, a causa de la inseguridad y a pesar de encontrarse en el centro de la urbe, fueron relegados al olvido.

Casas culturales

La Casa das Caldeiras, construida en 1920 para generar la energía de las Industrias Matarazzo, continúa en la actualidad como fuente de energía en áreas artísticas y culturales. El edificio fue derrumbado en 1986 y, parcialmente reformado, hoy es escenario de exposiciones independientes, con artistas como Adriana Peliano, sus instalaciones de videoarte y performance con collages caleidoscópicos de su obra Alice por Enquanto; la fotografía delicada de Tuane Eggers, las ilustraciones cartonistas de Victor Zalma y Heitor Yida, o las pinturas de Carolina Velásquez que, como ocurre con Miró, Dubuffet o Basquiat, alojan una necesidad urgente de comunicación, son anti-clásicas, persiguen lo fabuloso, lo memorial… Parecen pedir inmanencia. El escritor brasileño Marcelo Maluf describe su pintura como lúdica, casi pop.

En 2009 nace la Casa Contemporânea. Localizada en una vivienda de los años 40, fue transformada en una galería con un ambiente acogedor para que los visitantes pudieran sentirse como en casa. Este mes la Casa abre sus puertas con una exposición que trae la producción reciente de los artistas Helena Carvalhosa, con pinturas y cerámicas que transmiten un vigor inquieto y libertador; Marcia Gadioli, que emplea la fotografía para expresar las mudanzas urbanas, el proceso de globalización y el estado de la imagen en el mundo contemporáneo; Rogério Pinto, por su parte, expondrá pinturas dotadas de humor y un frescor poco visto en la producción actual.

Bajo el título de Ocupação, una de las primeras exposiciones del centro cultural, se pretendía remitir a espacios imaginarios y autónomos, poco reconocibles, y es que, al menos en esta ciudad, ocupar parece ser el verbo más obstinado del siglo XXI; sociedades interconectadas, omnipresentes, parece que consiguen, de cierta forma, transmitir esta noción a lugares y a nosotros mismos “¿Por qué no podemos estar también en un espacio que no es nuestro? ¿Por qué no podemos estar en un espacio que no pertenece a nadie? Estas son preguntas que inundan las ciudades y sus antros” –declama el Movimiento de Ocupación de Espacios; una iniciativa de artistas de múltiples lenguajes artísticos (baile, artes plásticas, visuales, música, performance y circo), que se reunió para discutir la pauta de ocupación de espacios públicos, en São Paulo, por colectivos artísticos.

Ocupação visível, performance. Cortesía casa amarela

En febrero del año pasado, una bonita casa de la Rua Consolação, patrimonio histórico desde 2006, fue ocupada por un colectivo de 120 artistas que la convirtió en la Casa Amarela, con exposiciones de artistas como Guilherme Pinkalsky, con producciones de videoarte; donde música, imágenes y video constituyen un todo, o sus obras plásticas de carácter tétrico. La Casa Amarela forma parte del movimiento Ateliê Compartilhado, que concentra teatro, cine, baile y artes visuales.

VIDEOARTE guilherme pinkalsky en la Casa amarela. Cortesía guilherme pinkalsky

Colectivos artísticos

Estos y otros colectivos, como Voodoohop, Venga Venga o Calefação Tropicãos, organizan las fiestas más alternativas de la ciudad en edificios abandonados, fundiéndolas con exposiciones de arte contemporáneo, cine y performances al mismo tiempo, con el fin de atraer a más personas, autofinanciarse y continuar con un movimiento autónomo y rompedor.

Fue así como el artista Paulo Tessuto consiguió que la Carlos Capslock fuese una de las fiestas más conocidas de la urbe brasileña. A partir de la creación de un alter ego (Carlos Capslock), cuya personificación proviene de una imagen capturada aleatoriamente de internet, Tessuto fusiona música, instalaciones de videoarte, performances, imágenes virales, fancines, Street art, exposiciones, body Paint y muchas otras acciones artísticas: “Como agitador cultural actúo en la ocupación de diversos espacios en el centro de São Paulo, tales como Minhocão, Buraco da Minhoca, Praça Soichiro Honda o Anhangabaú. Focalizando siempre en la reutilización de espacios de ocio y la reflexión ciudadana y su papel en la metrópoli, valorizando obras arquitectónicas olvidadas”. Entre los artistas que trabajan con Tessuto, se encuentran Carlos Días o Gabriella García.

La Casa da Luz, un nuevo centro cultural inaugurado a principios de marzo, fue ocupada por otro colectivo de artistas que vive actualmente en el edificio abandonado y casi en ruinas. Situado enfrente de la Estación Luz, en medio de la popularmente apodada Cracolandia, donde muchos turistas y habitantes de la ciudad no se atreven a merodear, este espacio cultural pretende ser un núcleo de arte contemporáneo en medio de la desolación que ayude a regenerar y avivar el interés por el centro de Sao Paulo. Esta casa ya ha colaborado con diversos colectivos anteriormente mencionados, y entre las incipientes exposiciones que realizan, destacan artistas contemporáneos como Beto Tancredi y su obra Brazuka Kurundu, que retorna a las raíces más tribales del arte brasileño, como ya declamó en su momento Oswald de Andrade y Tarsila de Amaral con Abaporu, o Manuel Borges y sus instalaciones de videoarte, muchas proyectadas sobre la arquitectura de diversos edificios abandonados.

Brazuka Kurundu. Cortesía Beto Tancredi

Dechado del contexto histórico, el arte enfrenta problemáticas sociales y políticas objetando en materias como la construcción de las ciudades; sobre quién ha hecho el trabajo, quién recibe el beneficio y quién paga el precio: El colectivo contemporáneo Bijari, en una de sus intervenciones urbanas de 2007, acuñó sobre numerosos muros de edificios ocupados en el centro de São Paulo la palabra Gentrificado; Clara Ianni, en su performance Black Flag (2010), colgó una bandera negra sobre la entrada de uno de los edificios más antiguos y hermosos de la ciudad, abandonado desde hace años, simbolizando la muerte, el luto y el olvido en el que han caído tantos edificios del centro.

Cracolandia_badaross (1 de 6)

Entre 2006 y 2009, el trabajo de la artista Alessandra Cescac tuvo su mejor aparición. Loucura, uno de sus proyectos, trata el concepto de caos sentido por el cuerpo y mente a partir de experiencias con la ciudad. La artista comenta: “El cuerpo fragmentado y colonizado por el espacio urbano, espacio que invade al sujeto, dejándole a merced del Caos. Esta ausencia de acogida, junto con el exceso de exigencias creadas por la urbe, invaden la psique y pueden causar patologías directamente relacionadas al modo de vida específico de ambientes como São Paulo (pánico, estrés intenso, ansiedad…)”. Su plataforma no es poesía escrita en delicado papel, sino la propia ciudad, con su cuerpo duro e impasible, en contraste con la fragilidad de los trazos femeninos de la artista. Alessandra sintetiza su cuerpo en imágenes con las que empapela muros y rincones de la ciudad.

Loucura. alessandra cestac ii

LOUCURA. Cortesía alessandra cestac

Penetrando en los vestigios de Cracolandia, el fotógrafo brasileño Gabriel Uchida realizó un proyecto llamado Cracolândia Descartável (Cracolandia desechable): “Mi trabajo como fotógrafo siempre se inclina hacia un área underground, marginal, y Cracolandia encajaba perfectamente en ese universo que busco retratar.” El artista comenzó a frecuentar la zona hace tiempo, deambulando por las noches, conversando con la gente. “Desde fuera, la imagen que tiene la gente, básicamente preconcebida por los medios de comunicación, es que se trata de un escenario peligroso, lleno de zombies, pero fue todo bastante tranquilo, así que el prejuicio que transmiten los medios es tan zombie como aquellos tipos fumando crack todo el día. La idea era de huir de todas aquellas leyendas y clichés y crear un ensayo lo más verdadero posible de la vida cotidiana en esta región.”

El proyecto de Uchida consistió en dejar tres cámaras de fotos desechables durante una semana con un residente de Cracolandia, sin explicarle exactamente lo que quería que fotografiara, para no condicionarle y obtener resultados que se aproximaran al máximo a la realidad.

Este ‘habitante’ de Cracolandia fue Indio Badaross, un vagabundo apodado por la Folha de Sao Paulo, el periódico más reputado, de ‘Basquiat de Cracolandia’. El fotógrafo lo retrata como “un artista que pinta sobre telas, muros y todo lo que se encuentra tirado por la calle, pudiendo ser una señal de tráfico, una puerta vieja o lo que sea. Es un talento increíble escondido en medio de Cracolandia”.

Es increíble saber cómo mientras Indio Badaross vive en la calle, lugar donde se encuentran sus obras, muchas de ellas arrebatadas por el camión de la basura o robadas, otras se hallan en manos de galerías y coleccionistas en ciudades como San Francisco, Los Ángeles o Basel.

“¡El vacío! ¡El vacío!”.Las palabras de Lao Tsé tórnanse Horror en labios de un Kurtz salido del corazón de las tinieblas y sumergido en el corazón de la ciudad. Los edificios abandonados no están vacíos, y el Arte Contemporáneo está en un contenedor que se dirige al vertedero del coloso São Paulo.

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